AL LECTOR

Quiero dedicar esta primera publicación de este blog a lectores y seguidores de la música cubana, para que comprendan por qué algunas de las cosas que cuento aquí no son tomadas de artículos de historiadores, sino de experiencias vividas entre mi infancia y adolescencia.

Yo nací en el distrito Colón de Centro Habana, en una familia muy bailadora, amante de la música cubana y americana, las que más predominaron en Cuba durante la juventud de mis abuelos paternos, quienes me criaron, tras la inesperada muerte de mi padre, un marinero mercante que, según los mayores de familia, vecinos y excompañeros de tripulación, era muy amable, compartidor y defensor de su cubanía en los países que viajaba.

De pequeña solía ir de paseos con mis abuelos, visitábamos amigos o lugares públicos (playa, cine, fiestas tradicionales, etc). En todas partes la música y el baile estaban presentes. En las reuniones de amigos, me distraían los apasionados debates sobre las agrupaciones musicales, siempre motivaban momentos de bailes que yo disfrutaba.

Cuando no me llevaban a determinados salones de bailes, me explicaban que quedaba con mi tía Ita, porque no dejaban entrar a los niños, al regreso me contaban todo lo vivido como si yo fuera grande, me inculcaron amor por nuestra música, interpretándola en bailes desde que era muy pequeña. Me enseñaron a aplaudir las buenas obras de creadores de cualquier país. Me hablaban de reconocidos artistas cubanos, americanos, mexicanos, argentinos, italianos, etc; me contaban que la vida cultural de Cuba era muchos más fuerte que la de los EEUU y por eso era a nuestra isla a donde venían a probar suerte grandes estrellas americanas y europeas, de las que me mostraban artículos de periódicos y revistas.

En la esquina de mi casa estaba el local del CDR (organización de vecinos) a su alrededor bailábamos los niños, en el parque de San Lázaro y Águila. Un día un auto se detuvo y unos señores estuvieron mirando nuestra divertida escena de Cha cha chá, nos dejaron solos y nosotros en lo nuestro, luego nos contaron que nos habían visto bailando los maestros Enrique Jorrín, Richard Egües y Rafael Lay, venían de ensayos y se dirigían a la casa del maestro Lay que vivía cerca (en calle San Lázaro). Sabía quiénes eran, pero lo que más efecto me hizo, ver a niños mayores llorando de emoción. Nos contaron que hablaron de nosotros y que la vecina Eloísa les hizo reír cuando comentó: 《¡la mulatica de pelo largo baila hasta con la música del noticiero!!》

A los 14 años presencié algo impactante en el teatro más grande de Cuba, los espectadores abandonaron recinto cuando llegaba la actuación de Fania All Stars, porque horas antes en la entrada, varios marinos con familiares y amigos, mostraron las barbaridades que les habían hecho sufrir a tantos cubanos en Nueva York, México y varios países, contaron junto a mexicanos presentes, que, en ocasiones llegaron hasta contarles cosas a los mismos cubanos que confundían con vecinos del Caribe. ¡Ver las reacciones de las personas fue algo tremendo!

A los 31 años años viajé a España, algunos amigos me contaron otras barbaries que sucedían en varios países, como las ayudas para que se contratase a la Nueva Trova, para bloquear viajes a nuestras agrupaciones de música bailable, que ya ellos prohibían difundir en los medios de México, Colombia y otros países. En México lograron gran parte de sus planes macabros, pero, al ser tan grande y casa de muchísimos cubanos, no lograron sus objetivos por completo, tampoco en Venezuela ni el Perú, donde más fieles a la música cubana se les resistieron.

Al salir de Cuba mantuve comunicación con familiares de ex marinos que me ma tenían al tanto de lo que sucedía. En el año 2001 estuve presente en la entrada del proyecto de división contra músicos y bailarines cubanos, que, salido de Italia y desde la sala Riviera de Madrid, debutó en España. Según explicaron sus prepotentes gestores a un reducido grupo, ron Bacardí les había comprado con alta suma de dinero por lo que llamaron ‘salsa en línea’, más tarde seguido por el apoyo al proyecto español ‘bachata sensual’, cuyo principal objetivo era arrebatar público a los cubanos y despojarnos del éxito alcanzado (sin planteárnoslo) en Europa entre los años 1994 – 2000. No tenía por qué sorprenderme, estaba ante frustrados continuadores de los proyectos Fania Récords y Fania All Stars, que conocí en mi niñez, cuya principal estrategia siempre fue “tira la piedra y esconde la mano”, como los pagos desmedidos en países vecinos, para que la música cubana fuera sacada de los medios y la industria, desplazadas con actos desleales y oportunistas con la que se impusieron en todos los países donde Cuba contaba con fieles seguidores. A los marinos se les esperaban en los mismos puertos, con afectos y jugosos ofrecimientos, luego eran amanezados, maltratados y secuestrados.

En medio de tanto bochorno, en aquel simposio de Madrid, tuve que actuar con mucha serenidad, haciéndole saber a mis acompañantes que los cubanos no somos masoquistas, pero tampoco somos de llegar a los lugares creando dificultades, más bien somos gente de música, baile, y eso es sinónimo de alegría, de respeto, de integración. Experimenté una situación que casi ponía en peligro toda esa cautela y prometí crear organizaciones para actuar de la manera más correcta posible.

Deseo que disfruten mucho en estos espacios, que ofrecen todo lo que se les debe contar, no sólo a 300 millones de engañados en América y el mundo. Por favor, no olvidar que seguimos buscando firmas por el “Son” en SonCubano.org

Muchas gracias.

Saludos desde Madrid,

Diana Hernández González, y equipo

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